LOS ALIMENTOS EN EL ANTIGUO EGIPTO.

Una de las culturas más importantes e influyentes de la historia es, sin ninguna duda, la del Antiguo Egipto, una cultura tan antigua como el propio hombre, y que después de 5.000 años transcurridos, aún nos fascina y nos asombra. El tema de esta publicación en nuestro blog va dedicado a la alimentación en este vasto periodo de la Historia. Hemos querido darle una especial importancia a esta cultura gastronómica (de ahí lo extenso del estudio) no sólo por ser el origen y escuela de otras muchas culturas posteriores sino porque fue en este periodo donde nació y se popularizó el pan, o, al menos, el pan como lo entendemos en nuestros días. Pero como no sólo de pan vive el hombre, veamos algunas características de su alimentación y costumbres.
 
SOBRE LOS ALIMENTOS EN EL ANTIGUO EGIPTO. UN PUEBLO AGRICULTOR.
La singularidad de Egipto es debida al Nilo, que dio unidad al país, a la vez que moldeó su carácter. Fue sin duda ese río sagrado de tan especiales características lo que convirtió a los antiguos egipcios en un pueblo agricultor. La base de la sociedad era un numeroso campesinado que cultivaba los cereales y el pan amasado con tales granos era el principal componente de la dieta del antiguo Egipto. La célebre expresión que nos transmitió Herodoto, de que el Egipto es un don del Nilo – en realidad una cita del más antiguo historiador griego Hecateo de Mileto – se objetiviza en la inundación del río. La estación de la inundación, que llamaban Akhet (o Shait ) comenzaba después del solsticio de verano del hemisferio norte y se extendía por cien días. Es de notar que la fecha de la inundación podía tener una diferencia de treinta días entre las regiones del Alto Egipto y el Delta. Luego seguía la estación de Peret (o Proit ), cuando las aguas bajaban y se podían sembrar los cultivos, de noviembre a febrero. Finalmente venía la estación seca, llamada Shemu (o Shomit), esto es sequía. Los cereales se recolectaban en abril y mayo. Herodoto que escribió sus famosos libros de “Historias” en el correr del siglo V A.C. hace una descripción muy optimista de la agricultura en el antiguo Egipto, especialmente en el Delta: “No tienen la fatigosa necesidad de abrir surcos con el arado, ni escardar, ni hacer ninguna otra de las faenas que por la mies afronta con esfuerzo el resto de los hombres; sino que cuando en su inundación el río riega por sí mismo los campos y, una vez regados se retira, entonces cada cual siembra su parcela y suelta en ellas cerdos; posteriormente, después de hundir la simiente con ayuda de las pezuñas de los cerdos, espera la subsiguiente siega; y trilla también el trigo con ayuda de los cerdos, recolectándolo de esta manera. (Libro 11, 14 ). La realidad no era tan idílica; el ciclo anual de la agricultura está muy bien ilustrado en las pinturas de distintas tumbas. En las sepulturas tebanas –de la Noche, de Menna y otras se pueden observar todas las etapas de la siembra hasta la cosecha del grano. Los labradores araban con ayuda de un pequeño arado, que se fue perfeccionando con el tiempo, al que enganchaban dos vacas, ya que los bueyes se utilizaban para el transporte de bloques de piedras para las construcciones. Luego el campesino esparcía la semilla que llevaba en un cesto colgado del cuello, y una vez sembrados los granos, se los recubria de tierra valiéndose de una azada de madera. Cuando el grano estaba maduro se segaba con hoces. Los segadores agarraban los tallos con la mano izquierda y con la derecha los cortaban muy cerca de la espiga, que dejaban caer al suelo; después las espigas se ataban en gavillas y se metían en cestos que se transportaban a la era sobre asnos. Allí se aventaba el grano separándolo de la paja. En algunas pinturas se representan escenas típicas como una riña entre espigadoras o al amo observando las faenas sentado a la sombra de un dosel colocado especialmente.
 
LOS CEREALES
Un viejo mito afirma que fue la diosa Isis quien enseñó el cultivo y la recolección del trigo y la cebada, que al principio crecían al azar en el país. Los cereales que en efecto se cultivaban desde la prehistoria, y que aún se cultivan en Egipto, son el trigo y la cebada. La variedad de trigo era la denominada escanda, de paja corta y dura, y cuyo grano se separa con dificultad del cascabillo. También se cultivaba el durah, que era una especie de mijo. En épocas remotas estos cereales se guardaban en silos excavados en tierra y cubiertos con esteras; en tiempos históricos se construyeron graneros. Eran éstos grandes construcciones de ladrillo, formadas por compartimentos estrechos y altos, abovedados, sin comunicación directa entre sí. No tenían más que dos aberturas: una en la parte superior, por donde se introducía el grano y otra al nivel del suelo, por donde se lo sacaba. Los graneros llenos eran para los egipcios un símbolo de riqueza. Las cantidades de grano depositadas eran cuidadosamente anotadas por los escribas encargados.
EL PAN
En la alimentación el pan representaba un papel esencial. Como carecían de otros alimentos ricos en hidratos de carbono, tales como papa, arroz y otros, el pan se convirtió en el elemento básico de la dieta. Se consumía en grandes cantidades y lo comían todas las clases sociales por igual. Era el símbolo y compendio de todos los alimentos. Es así que en el Antiguo Imperio había más de quince palabras para designar los distintos tipos de pan, número que ascendió a cuarenta en el Nuevo Imperio. Herodoto menciona el pan llamado Kyllastis por los griegos, y que era el más común. El grano -trigo o durah- era machacado sobre muelas ligeramente cóncavas para obtener la harina. Las mujeres eran quienes se encargaban de esta tarea; son muy conocidas las estatuillas que representan a una mujer arrodillada haciendo la molienda, ya que en esta posición podían hacer más fuerza con la parte superior del cuerpo. Sin duda era una tarea agotadora moler diariamente (o quizá cada dos o tres días) la harina suficiente para alimentar a toda una familia. El grano se extendía, como hemos dicho, sobre una losa y se lo machacaba con una piedra en forma de rodillo o mano de almirez, a la cual se mojaba de vez en cuando. La harina resultante de esa labor era gruesa, mezclada con salvado y con polvo, cuando no con granos enteros y pedacitos de piedra. Para amasarla se le añadía agua, y un trozo de masa guardada del día anterior hacia las veces de levadura. Luego se preparaban panes o galletas redondas, como de un dedo de espesor y unos quince centímetros de diámetro, las que se cocían sobre piedras y cubiertas de ceniza. Este pan, escaso de levadura y generalmente poco cocido, tenía un sabor ácido y las impurezas que contenía provocaban el desgaste de la dentadura, en el caso de algunos ancianos, incluso hasta las encías. Para darle mayor sabor al pan se le podía añadir sal o condimentos. Con la incorporación de grasa y huevos se cocían sabrosas tortas. Algunas se hacían endulzadas con miel o enriquecidas con especias y frutas secas o dátiles y almendras y piñones triturados en un mortero. En cuanto a la forma, las había diversas; eran también habituales unos panes altos y acabados en punta que se cocían en moldes cónicos especiales. Es fama que en la mesa de los ricos se servían decenas de diferentes panes y tortas, que variaban según la harina empleada, los aditamentos y la forma de cocción de la masa.
 
VERDURAS Y OTROS VEGETALES
Pero naturalmente que la agricultura no se agotaba en los cereales. También se cultivaban numerosos vegetales de consumo, tales como cebollas, ajos, pepinos, puerros, rábanos, lechuga, habas, berenjenas, altramuces, garbanzos y lentejas. Los egipcios tenían fama de grandes consumidores de verdura cruda. Otras de estas legumbres se hervían, como las lentejas y los garbanzos; después se mezclaban con ajo y aceite hasta convertirlas en puré y se ponían a modo de bocadillo en un trozo de pan. Recetas más complicadas añadían cebolla picada y huevos. De todos estos vegetales posiblemente el más importante fuera la cebolla, elemento básico de la alimentación de las clases pobres. El ajo era también muy importante. No sólo era el gusto más usado para sazonar manjares, sino que también formaba parte de numerosas recetas medicinales. Según narra Plutarco, los sacerdotes egipcios se sometían periódicamente a purificaciones mediante la ingesta de ajos. A este respecto, cabe destacar que los egipcios disponían de una verdadera farmacopea vegetal procedente del jardín de la casa. Acreditaban, en efecto, excelentes conocimientos de botánica y se asegura que usaron un tercio de todas las sustancias medicinales hoy conocidas- desde el opio a la genciana y del aceite de ricino al cólchico (o cólquido). Con referencia al consumo de vegetales, Herodoto nos ha transmitido la tradición según la cual el rey Kheops gastó más de 1.600 talentos de plata en rábanos, cebollas y ajos para los 100.000 hombres que trabajaron en la construcción de la Gran Pirámide. Se ha dicho al respecto: “Si este asombroso producto del esfuerzo muscular fue realizado por hombres que se alimntaban de tal dieta, la Gran Pirámide no es solamente el más estupendo monumento levantado por manos humanas, sino también el más impresionante tributo a los méritos del vegetarianismo que el mundo ha visto.” Hay que añadir, sin embargo, que documentos de tiempos posteriores señalan que los reyes incluían carne de buey en la dieta de sus trabajadores. Se conocían también los hongos, que eran tan apreciados que se reservaban para el consumo de las clases superiores. Las aceitunas y el aceite de oliva que se usaba para cocinar distintos manjares fueron primitivamente importados de Siria, pues el olivo no se plantó en Egipto hasta los tiempos de la XVIII dinastía. El aceite del país se extraía de las semillas del lino, moringa oleífera, ricino y, más tarde, de las semillas del sésamo. Este último era particularmente apreciado. Como dato interesante podemos añadir que el loto, de la especie que da flores encarnadas, producía un fruto con una semilla del tamaño de un hueso de aceitunas que era comestible y al cual llamaban “haba de Egipto”.
 
 
LAS FRUTAS
Las frutas también abundaban en la dieta egipcia – de los ricos, al menos: manzanas, granadas, higos, uvas, melocotones, melones. También conocían la azufaifa, el fruto dulce y comestible producido por el azufaifo o jinjolero, que refrescaba y calmaba la sed. Estas frutas se comían crudas, se preparaban como jugos o se hacían confituras. Párrafo aparte merecen los dátiles que se obtenían de las palmeras datileras y que eran abundantes en la dieta. Una palmera especial era la palmera “dum”, cuyo tronco se divide en dos ramas y cada rama en otras dos; tenía frutos bastante grandes que eran muy estimados. También gustaban los nobles egipcios cultivar en sus huertos especiales exóticas que traían de otras regiones y se esforzaban por aclimatarlas a orillas del Nilo. Así se había enriquecido la flora de Egipto. Entre los árboles cabe mencionar una palmera que traían del desierto de Nubia y cuyo fruto encerraba una especie de leche azucarada que constituía para ellos una apetitosa golosina.
 
LECHE, MIEL, HUEVOS
La leche formaba igualmente parte de la alimentación de los egipcios. La tomaban al natural o agria, siendo esta última una bebida estimada. También se la empleaba en la elaboración de productos derivados, como la manteca y el queso, y en la confección de platos más complicados. Como documento gráfico de la utilización de la leche tenemos escenas que muestran el ordeñe de vacas: una de ellas se observa en el relieve del sarcófago de la reina Kawait, procedente de Deir-el-Bahari (2040-1991 A.C.). No usaban solamente leche de vaca, sino también de cabra y oveja. La miel era un elemento muy apreciado, no sólo como alimento en sí misma sino también para endulzar los distintos manjares, ya que desconocían el azúcar. Ocasionalmente se usaba el fruto del algarrobo para endulzar pero, naturalmente la miel era la preferida. La abeja había sido domesticada desde tiempos inmemoriables. Según las pinturas, las colmenas eran unas ollas de arcilla, o bien se fabricaban con juncos dispuestos en forma tubular y pegados con limo, método que aún hoy emplean los fellah. Los huevos eran proporcionados por las aves domésticas y cautivas; además se recogían los de las aves silvestres.
EL PESCADO
El pescado constituía un alimento popular y económico; el Nilo lo proporcionaba con feliz abundancia y de esta manera la dieta de los más pobres contenía de sustancias proteínicas que de otra manera hubiera carecido. Los pescadores de profesión usaban generalmente redes. La red era un largo esparavel, artificio que se arrojaba a fuerza de brazo en los lugares de poco fondo y cuya parte superior se mantenía en la superficie del agua por medio de flotadores de madera, mientras que la inferior quedaba en el fondo debido al peso de bolas de plomo. En tiempo oportuno, la red era arrastrada por los pescadores en la orilla con rapidez y así quedaban los peces atrapados en ellas. Los pescados eran entonces abiertos y destripados, podían comerse asados o hervidos, pero por lo general se los rociaba con sal y se dejaban secar al aire libre. Preparado de esta forma el pescado tenía un gustillo desagradable y un olor acre; además se estropeaba pronto. Esto explicaría el hecho de que el pescado estaba considerado un animal más o menos impuro y que a los sacerdotes les estuviera prohibido comerlos. No obstante, la pesca en aguas del Nilo era uno de los deportes de los nobles quienes lo practicaban navegando en esquifes, barquichuelos de madera y juncos sujetos con tiras de papiro. Atrapaban los peces con arpones, que a veces eran dobles. La especie más preciada era la perca, pero también se consumían carpas, anguilas, lucios, lampreas, y otras.
 
 
LAS AVES 
Más estimada que el pescado era la carne de ave o volátil. Los ricos consideraban un lujo gastronómico los patos, gansos, codornices, perdices y palomas silvestres que se cazaban con redes. Estas redes eran bastante grandes, estaban montadas en un marco de madera que se dividía en dos por medio de bisagras. Se la colocaba abierta en un lugar apropiado, por ejemplo entre cañaverales, y se ponía dentro un cebo, miga de pan o granos. Cuando las aves se posaban dentro para comer, se cerraba bruscamente la tapa, tirando de una larga cuerda puesta al efecto. En el llamado mural de los Contadores de Gansos, en la tumba de Nebamón (Tebas, 1400 A.C.) se puede ver a los sirvientes desplumando y limpiando gran número de estas aves, producto, sin duda, de una cacería. Las que no se consumían de inmediato eran conservadas en salazón, en grandes recipientes, jarras cónicas fabricadas para ese propósito. Cuando se iban a usar, se desalaban estas conservas con agua limpia y luego se servían sin cocinar o bien guisadas con salsa. En otras ocasiones, no todas las aves eran sacrificadas inmediatamente, sino que se las encerraba en corrales y eran cebadas para comer más adelante. Se considera que el pato asado constituía el plato predilecto de los antiguos egipcios. También podemos pensar que eran favoritos el ganso asado con higos y las codornices cocidas en miel y leche de cabra. Por otra parte, otro de los deportes de la nobleza egipcia era la cacería de aves en los pantanos de papiros que existían a orillas del Nilo. Para esta caza solían usar palos arrojadizos o bumerangs, que se describen así: un palo encorvado, ligeramente redondeado por un lado, liso por el otro, unas veces con adornos y otros imitando una serpiente. Se tomaba por una punta y se lanzaba al aire; el ave a la que le diera en el pescuezo caía medio muerta. Era un arma ya conocida en época prehistórica, pero la dificultad de su manejo tenía un especial atractivo que explica que siguiera usándose para la caza aún en tiempos muy posteriores. En una pintura de la sepultura llamada la Noche (Tebas, hacia 1420 A.C.) se observa un cazador que blande el boomerang en una mano mientras que en la otra sujeta unas garzas; se piensa que tal vez las usara como reclamos. También lo acompaña un gato amaestrado del que se valdría para recoger la caza o espantar otros animales.
 
GANADERÍA Y CAZA
No solamente se consumían pescado y aves, sino también las denominadas carnes rojas, que se obtenían de los animales domésticos y de la caza. Los animales domésticos comprendían, desde los tiempos prehistóricos, bueyes, carneros, cabras y cerdos. Se comía la carne de los tres primeros en cambio, la carne de cerdo era repudiada, porque era un animal considerado impuro. A pesar de ello, en algunas ocasiones se ofrecían cerdos en sacrificio y su carne era consumida. Era especialmente estimada la carne de los animales salvajes que poblaban las montañas y desiertos vecinos: gacelas, antílopes, oryx (antílope blanco) y demás caza mayor. La caza se realizaba mediante el procedimiento de concentrar los animales en los estrechos fondos de los valles y cerrar el camino de salida. Entonces los abatían con flechas, si bien algunas veces usaban el lazo. En ocasiones los capturaban vivos con el fin de llevarlos a los parques. Se ayudaban de heterogéneas jaurías compuestas de lebreles, chacales y perros- lobos, que seguían la pista y traían al dueño las piezas que este mataba o hería con sus flechas. En el Nilo se practicaba la peligrosa caza del hipopótamo o “ganado de río”, cuya carne tierna y grasa les resultaba en extremo apetitosa, lo mismo que las vísceras y los tuétanos. Todas estas carnes se podían comer asadas, cocidas, curadas en salmuera, ahumadas o secadas al sol.
BEBIDAS – LA CERVEZA
A los antiguos egipcios les agradaban las bebidas alcohólicas: elaboraban cerveza, vino y aguardiente de palma (shodú). La cerveza era la bebida popular por excelencia. Se fabricaba macerando cebada dentro de un recipiente con agua y como levadura se usaba miga de pan fermentada. Esta cerveza se agriaba pronto, pero este inconveniente se subsanaba añadiéndole una infusión de altramuces. Esto le impartía cierto gusto amargo y evitaba que se estropease. Esta cerveza tenía muchas impurezas flotantes, por lo que a menudo se la bebía por medio de una paja provista de una especie de filtro. Se cree que era más nutritiva que alcohólica y su elaboración al igual que la del pan, estaba reservada a las mujeres. Había otras clases de cerveza, por ejemplo, la de mijo, que era espesa y terrosa. Otras cervezas se perfumaban y aromatizaban con especias en frío o en caliente. La cerveza se bebía ya en el desayuno y en mayores cantidades con la comida del mediodía, en las labores del campo y en la taberna. No faltaba tampoco en las ofrendas a los dioses y a los difuntos.
EL VINO
El vino también era conocido desde la más remota antigüedad. Los documentos sobre el cultivo de la vid y la vinificación cuentan con una antigüedad de 5 a 6.000 años, pudiéndose citar entre otros datos los hallados en la tumba de Phtah- Hotep, el cual vivía en Menfis más de 3.000 antes de Cristo. Muchos frescos pintados durante el Nuevo Imperio dan una idea detallada de las técnicas vitivinícolas usadas en esa época, como los de la tumba de Nakht (XVIII dinastía). La vid se cultivaba principalmente en el Delta. Los egipcios ricos plantaban vides en sus jardines, formando emparrados que se sostenían por filas de columnitas de madera. Las cepas, que podían ser de distintas variedades, plantadas a intervalos se encorvaban en forma de cuna sobre las cabezas de los paseantes. Todos los años, los esclavos de la finca realizaban la vendimia. Recogían los racimos, depositándolos en canastos y luego los pisaban en sacos de tela gruesa dentro de tinas de piedra. Se obtenía así un vino denso y azucarado que se avinagraba fácilmente; para evitar esto se le añadía un poco de pez (jugo resinoso sacado del pino albar). Después se almacenaban en grandes ánforas, puntiagudas en el extremo inferior, con dos asas. Se tapaban herméticamente con un tapón de arcilla en el que se imprimía el nombre del propietario o del faraón reinante, el año, la procedencia y la clase de vino, presentando así un antiquísimo ejemplo de rotulación de caldo. Había numerosas variedades de vino: blancos y tintos, de distintas cosechas y diferentes procedencias- de Pelusa, de Mareotis, de Siena, de los Oasis… Los vinos blancos egipcios gozaban de fama en el mundo clásico. A pesar de ello también se importaban del extranjero, de Siria, de Palestina y más adelante, de Grecia. Era la bebida predilecta de los círculos distinguidos e infaltables en las fiestas. En general, estaba reservado a las clases superiores. No acostumbraban a mezclarlo con resina, como los griegos, pero a veces lo aromatizaban con miel.
 
LA COCINA
Los cocineros egipcios disponían, según se ha visto de abundantes y variadas provisiones para preparar sus comidas. Había además otro factor a tener en cuenta: los alimentos eran de buena calidad y generalmente frescos. Estas circunstancias favorecieron las preferencias por las preparaciones sencillas, en las que se apreciaba el sabor natural de los ingredientes. Esto contrastaba con otros cocineros de la antigüedad, como los romanos, que se veían obligados a preparar salsas y aliños elaborados con el propósito de suplir la falta de frescura o de variedad de las provisiones que disponían. La comida egipcia, pues, solía ser simple y poco aderezada. El hervido se consideraba el método tradicional de preparación de las verduras y algunas carnes, mientras que las aves y otras carnes se acostumbraban a asar a las brasas, ensartadas en un espetón. El horno se utilizaba sobre todo para la cocción del pan y los pasteles o tortas. La cocina de una casa egipcia común se componía de un fogón y uno o más hornos de pequeñas dimensiones. Estos hornos circulares eran de arcilla en forma de colmena y median alrededor de un metro de altura. Estaban dotados de estantes interiores y tenían un agujero en la base para retirar las cenizas. No nos ha llegado ningún tratado de cocina egipcio o colección de recetas, de manera que no es posible saber exactamente cómo se confeccionaban los platos que se servían en la mesa de los faraones. No obstante, la arraigada costumbre egipcia de proveer las tumbas de muertos con toda clase de manjares que los alimentasen en el más allá ha permitido que se encuentren comidas completas enterradas junto a los cadáveres. En una tumba de Sakkara de la II dinastía se halló una abundante cena dispuesta en el suelo. Dicha cena se componía de numerosos manjares, a saber: 1) pan, 2) gachas de cebada, 3) pescado a las brasas, 4) estofado de paloma, 5) codorniz asada, 6) riñones cocidos, 7) muslo y costillas de buey, 8) higos cocidos, 9) bayas frescas, 10) pasteleles de miel, 11) queso y 12) vino de uva. Asimismo, el banquete fúnebre de Tut-Ankh-Amón, mil años más tarde, se componía de un menú semejante que incluía patos, gansos, trozos de buey y carnero, pan, frutas surtidas, verduras y vino.
 
 
LAS COMIDAS
Se comía tres veces al día. El desayuno era probablemente frugal, como en el actual Egipto. El almuerzo se tomaba a menudo en el campo, durante las faenas y se componía de carne fría, pan, cerveza y cebollas. La clase obrera se alimentaba sobre todo de pan y cerveza. La ración diaria era de tres o cuatro panes, dos jarras de cerveza y cebollas. La comida principal se tomaba por la tarde. Esta comida o cena era en las clases altas, una ocasión especial. Tras las ocupaciones del día, el egipcio esperaba con alegría la cena, que a menudo se celebraba en el amplio círculo familiar y de amigos. No tenían la costumbre de griegos o romanos de permanecer tumbados al lado de la mesa a la hora de comer, sino que utilizaban asientos. Los más primitivos carecían de respaldo; más adelante se le aplicaron apoyos dorsales y laterales. Algunos comensales, seguramente de rango inferior, simplemente se sentaban o acuclillaban en esteras extendidas en el suelo. Las mesas eran pequeñas; raramente se reunía la familia en torno a una mesa grande, sino que se sentaban individualmente o por parejas. Se colocaban, pues, sillas y bancos, además de mesitas adornadas con flores donde se ponían jarras de vino de diferentes clases. La vajilla que usaban era de arcilla o de piedra, las más lujosas de pizarra o alabastro. Más tarde aparecieron también vasijas de oro y plata. En estas fiestas se trataba de halagar todos los sentidos. Durante el Imperio Antiguo se adornaba a los invitados con collares hechos de bayas, apio y hierbas aromáticas. Más adelante, en el Imperio Tebano, se colocaba en la cabeza de los comensales “bolitas de unción” perfumadas, que se fundían y caían despidiendo un olor refrescante y aromático. Así, pues, el aroma de las flores, el incienso y la mirra se mezclaban en el aire con las notas de flautas y arpas, ya que músicos y también bailarinas ligeramente vestidas, se encargaban de la diversión. Antes de las comidas los comensales se mojaban las manos con agua, puesto que en ese entonces se comía con los dedos. Los dientes se limpiaban con un palito especial, mascado en un extremo y para perfumar el aliento se masticaban bolitas de mirra, extraída del árbol “boswellia”. Los diferentes platos se servían todos a la vez y los comensales elegían los manjares de su preferencia. No era importante servirse la comida caliente recién traída de la cocina, seguramente debido a las altas temperaturas del país. Se ha deducido que estos banquetes resultaban en un consumo excesivo de comida y bebida. Era costumbre servir una ilimitada cantidad de bebidas alcohólicas. Hombres y mujeres bebían por igual, pues parece que no había prohibición para las mujeres. Ocasionalmente se represente en las pinturas damas bebidas e indispuestas, lo que no parecía ser muy vergonzoso. En la tumba de Paheri se transcribe esta orden que una señora da a su criado: “Dame dieciocho vasos de vino, quiero beber hasta emborracharme; tengo la garganta seca como paja”. Sin duda debido a lo difundido de tales costumbres se encuentran en los escritos numerosas advertencias contra la glotonería y la intemperancia, así como otros consejos registrados en las instrucciones de los escribas, tanto del Imperio Antiguo como de épocas posteriores.
LAS FLORES
En Egipto, como más tarde en Grecia y Roma, se agasajaba a los convidados a un banquete presentando cada manjar con fragantes guirnaldas de hermosas flores. Sería relevante añadir que los egipcios eran muy amantes de las flores. Entre ellas distinguían de modo especial al loto, producido por la planta acuática el mismo nombre, que crecía en aguas del Nilo. Estas flores, muy fragantes, podían ser blancas, azules o rojas y se constituyeron en uno de los motivos ornamentales preferidos del arte egipcio. Otra de las flores que usaban era la amapola de hermoso color rojo (papaver somniferum), cuyas propiedades calmantes se cuenta que las conoció Helena de Troya por medio de los egipcios. También admiraban al lirio. En uno de los muros del templo de Karnak se aprecia, labrado en piedra, un lirio que honra la memoria de Tutmosis III, quien en 1479 A.C. llevó la flor a Egipto desde Siria, en la primera campaña militar combinada con el estudio de la flora. La violeta azul fue la flor que se encontró esparcida sobre el cuerpo de Tut- Ankh- Amón cuando se abrió su tumba en 1922. Ahora se sugiere que pudo ser usada como estimulante por los antiguos egipcios, ya que algunas fuentes informaron que la violeta azul puede provocar efectos sicotrópicos similares a los de las drogas (según el diario inglés “The Independent”, citado por la revista “Tres”).
LOS ALIMENTOS Y EL MÁS ALLÁ
La comida y la bebida eran la principal ofrenda que se brindaba a los dioses, así como eran también de capital importancia en el culto de los muertos. Ya hemos hablado de la costumbre de enterrar junto a los muertos toda clase de manjares que les alimentasen en el más allá. La evolución de las creencias hizo que se sustituyeran muchas veces los alimentos reales por su representación, ya sea esculpida o pintada. Es así que en las paredes de las tumbas se ven una y otra vez escenas figuradas en las que el difunto consume manjares, sentado frente a una mesa repleta. Una de las representaciones más antiguas y más hermosas a la vez, es el relieve de Ptah-Hotep, labrado en la pared de su mastaba de Sakkara y que data del Antiguo Imperio. Allí el magnate Ptah-Hotep aparece de tamaño natural, sentado en una silla con una mesa delante. Sobre ella están alineados multitud de panes y variados manjares: patos, pescado, carne y también fuentes tapadas. Debajo de la mesa hay otras cosas, como frutas y flores. Se puede decir que los antiguos egipcios, con su reconocida capacidad de dotar a todas sus elaboraciones de gusto y fineza, supieron elevar la preparación de sus alimentos a un nivel de excelencia y convertir la cocina en algo digno incluso del más allá.
 
 
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